A Copenhague llegamos más o menos a las cinco de la tarde. Por supuesto ya hacía unas horas que era de noche, así que lo de ir de turismo tenía que esperar para el día siguiente. Lo primero que había que hacer era encontrar el albergue que teníamos reservado, el Sleep in Heaven. El albergue estaba en el barrio de Nørrebro, una de las zonas de la ciudad donde viven las clases bajas. En las guías de turismo lo definían como un barrio multicultural, lleno de pequeñas tiendas y restaurantes exóticos. Y era cierto, estaba lleno de kebabs, chinos, italianos, etc. A veces las calles no inspiraban mucha sensación de seguridad, pero no nos encontramos con nada raro. Incluso la gente se paraba a intentar ayudarnos cuando nos veían a los cinco algo perdidos mirando el mapa. No sólo en este barrio, en todo Copenhague se siente un ambiente mucho más "europeo" que en las ciudades de Suecia. Las calles están algo más sucias, hay más vida en la calle, se ve a más policía, etc. Pequeñas cosas que se notan bastante después de estos meses en Suecia.
Finalmente llegamos al albergue a eso de las seis. Desde el principio nos gustó bastante, con muchas mesas y sofás para descansar o tomar algo, las paredes pintadas con dibujos de la ciudad, guías de Copenhague con las mejores cosas para hacer para la gente joven... Lo menos bueno fue el dormitorio. Sabíamos que íbamos a dormir con más gente, pero al ser cinco personas y querer estar juntos, nos tocó el dormitorio más grande, con un total de 14 literas. Aquello parecía la mili. Y claro, con 14 personas (aunque la primera noche sólo estábamos 8 o 9) las posibilidades de que te toque a alguien que ronca son muy altas. Eva fue la que peor durmió la primera noche, pero ya nos encargamos de cansarnos para no tener problemas para dormir al día siguiente.
Buscando un sitio para cenar nos pegamos una buena pateada, así que ya no nos quedaron muchas ganas para salir. Fuimos a un 7-Eleven (un 24 horas) y compramos unas cervezas para tomar en el albergue. Las leyes sobre alcohol y tabaco son mucho menos restrictivas en Dinamarca que en Suecia. En Dinamarca se puede vender alcohol en cualquier supermercado, y a cualquier hora. Y también se puede fumar en bares y discotecas. Además los precios son muy parecidos a los de España (no en el resto de cosas), pues no tienen los impuestos de Suecia, que en alcohol y tabaco son superiores al 50%.
En el albergue estuvimos jugando a las cartas hasta la una y pico. Entre risas se nos hizo un poco tarde. A la mañana siguiente había que madrugar para aprovechar las pocas horas de luz que hay en invierno en los países nórdicos.